Piedra litográfica: El soporte ideal para la práctica de la litografía es la piedra de carbonato de calcio, de grano fino y color uniforme de la gama de los ocres, azules o grises. Aunque su grosor debe estar en relación con su tamaño, no conviene que supere los diez centímetros, porque de lo contrario sería tal el peso que la haría inmanejable. En general cuanto más claro es el color, menor es la dureza de la piedra y más fácil y cómodo el dibujo sobre ella, pero mayor la posibilidad de que se emborrone durante la estampación. Por este motivo las piedras blandas aguantan un número más corto de estampaciones. En cualquier caso, es preceptivo cortarlas en ángulo recto sin biselar los bordes, lo que facilitará su colocación en la prensa litográfica, y pulimentarlas antes de ser usadas. Deben conservarse en lugar seco con una temperatura moderada y constante para reducir el riesgo de fractura, y por la misma razón, debido a su extraordinaria fragilidad el litográfo tiene que evitar golpearlas mientras las manipula.
Para obtener una estampa de color continuo la piedra utilizada para dicho fondo recibe el nombre de piedra de tinte. Originadas en la era terciaria las mejores piedras litográficas son las procedentes de las canteras de Babiera – Solenhofen -, Renania y Sajonia, cuya merecida fama se extendió por Europa siendo demandadas en todo el continente.




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