… sólo la imaginación es más importante que el conocimiento…
ALBERT EINSTEIN
SOCIEDAD DEL CONOCIMIENTO, INFORMACIÓN Y COMPLEJIDAD.
En el conjunto de factores que desarrollan un territorio, los nuevos productos de contenido turístico y cultural juegan un papel fundamental. Su imbricación con las nuevas tecnologías y el acceso masivo a sus iniciativas e intervenciones los convierten en protagonistas esenciales para activar las sinergias existentes entre el mundo del arte, la ciencia y la tecnología. Las Nuevas Tecnologías aplicadas al Turismo Cultural son un instrumento idóneo para estimular la participación activa de los ciudadanos en un cambio fundamental: el paso de la Sociedad de la Información del siglo XX a la Sociedad del Conocimiento del III Milenio.
En este marco, uno de los compromisos más importantes de los creadores, de las empresas privadas y de las instituciones públicas es propiciar esos nuevos instrumentos que permitan un cambio sustancial en la relación de los ciudadanos con la información. Es decir, crear y difundir nuevas herramientas que conviertan los datos binarios en conocimiento.
Iniciar de este modo una reflexión sobre algo tan práctico como el territorio quizás pueda parecer una licencia teórica. Pero no es así. Entre otras cosas porque la información, y con ella la “sociedad de la información”, ha demostrado su total ineficacia para generar riqueza por sí misma. Ahora ya sabemos que la información, como tal, no genera rentabilidad. En realidad, no genera nada. El conocimiento, sí.
Aunque no debemos extraer conclusiones precipitadas. La información puede que no produzca en sí misma ningún resultado, pero es imprescindible. En un entorno social cada vez más complejo, el denominado “exceso de información” no deja de ser una interpretación que al menos debiera considerarse sospechosa. ¿Tenemos en verdad un exceso de información? En absoluto. Es más, nos falta información. Nos falta mucha información para comprender y conocer nuestros entornos sociales y territoriales que se caracterizan por un crecimiento exponencial de su complejidad.
Y una sociedad compleja necesita de una información compleja. Ésta será una de las características socioeconómicas de los próximos años, la complejidad en el sentido más positivo del término. Es hacia la gestión de esa complejidad, donde debemos enfocar nuestros esfuerzos creativos, quizás incluso considerando nuevas opciones que no rechacen fórmulas radicales o cercanas al caos constructivo como estructuras naturales de organización. En este ámbito, las nuevas tecnologías son un instrumento fundamental para crear herramientas que no sólo almacenen datos, que no sólo transformen esos datos en información, sino que nos permitan gestionar su complejidad de tal forma que la podamos convertir en conocimiento.
El turismo cultural ya juega un papel relevante en el desarrollo territorial en tres ámbitos: el económico, el de identidad territorial y el de difusión. Pero la aplicación de las nuevas tecnologías de la información puede abrir caminos ni siquiera imaginados que apoyen decididamente el desarrollo de un territorio a través de la explotación de nuevos productos culturales, nuevos recursos turísticos y hasta nuevos patrimonios digitales.
1. TURISMO CULTURAL Y TERRITORIO
El Turismo Cultural es uno de los sectores económicos más estables de los últimos años y un agente de desarrollo sostenible territorial en muchas zonas de nuestra geografía. Pero, ¿porqué es importante para la gestión del territorio? Quizás porque afecta directamente a tres de sus aspectos más relevantes; el desarrollo económico, la identificación de la población con el territorio y la difusión exterior de ese territorio.
1.1. Economías Transversales
Los últimos estudios del sector han abandonado las rentabilidades intangibles y no cuantificables para pasar a valoraciones de resultados económicos reales basados en datos tan relevantes como el gasto medio del turista cultural en la zona. Un dato tan importante del que no se disponía hace tan solo unos años. ¿Quién decía que teníamos bastante información?
A este respecto, el turista cultural es un gran consumidor de bienes y servicios. Su presencia dinamiza los diversos sectores de la vida de la zona elegida como destino turístico generando riqueza y empleo. Y se puede pasar directamente a cifras. A diferencia del turista de sol/playa, el turista cultural posee un alto nivel de gasto diario en la zona. La media española del año 2002 se situó en 72,73 euros por persona y día, con una pernoctación media de 2,4 noches en la Comunidad de Aragón, por poner un ejemplo intermedio.
El turismo cultural introduce nuevas modalidades de consumo y usos del suelo, que repercuten positivamente en residentes y actividades económicas. Potencia el desarrollo de iniciativas que cubren directamente las necesidades de consumo del visitante como hostelería, comercio y servios de ocio y cultura, incrementando la renta de la población local y los ingresos de las corporaciones bien sea directamente, o de forma indirecta por medio de impuestos derivados. Además, el turismo cultural modifica también y de forma muy significativa el mercado de trabajo. Su efecto multiplicador en la economía se traduce en el aumento de empleo. A la oferta laboral directa derivada del turismo, se suma el empleo indirecto de aquellas empresas que prestan bienes y servicios al sector.
En suma, el Turismo Cultural es un gran motor de economías transversales y diversificadas, una de las claves del desarrollo territorial.
1.2. Identificación Territorial
Pero además, la acción turística cultural induce a menudo procesos de revalorización de los recursos locales y produce una mayor identificación territorial de los habitantes de la zona. Las acciones realizadas en diferentes regiones españolas y europeas pivotadas sobre una temática cultural que identifica al territorio han dado unos resultados incuestionables. Es más, ¿existe en verdad algún territorio desarrollado que no tenga una clara identificación cultural?
1.3. Difusión Exterior del Territorio
El imán temático-cultural de un territorio es imprescindible en la difusión exterior y propicia la aparición de una oferta cultural diversificada de la que se pueden beneficiar tanto los turistas como los residentes. Además contribuye a reforzar el mantenimiento del patrimonio arquitectónico dando nuevos usos a edificios históricos o promoviendo entre los propietarios un interés por invertir en la conservación y en la mejora de la imagen de las localidades. Existe una estrecha relación entre el esfuerzo en la conservación y una mayor o menor afluencia turística.
2. TURISMO CULTURAL Y NUEVA ECONOMÍA
El Sector del Turismo Cultural posee una serie de características muy particulares frente a aspectos económicos tradicionales. Por ejemplo: la inmovilidad del producto de venta, los límites de capacidad de acogida de la zona, la estacionalidad del consumo, la intangibilidad previa o la imposibilidad de probar antes de adquirir. Unos aspectos que lo convierten en un sector con unas “reglas económicas” muy diferentes a los mercados tradicionales. Pero que, sin embargo, permiten aplicar nuevas ideas que amplíen el mercado del consumidor del producto turístico cultural.
2.1. Oferta y Demanda. La alteración de las reglas de mercado
En el mercado económico tradicional la demanda prima sobre la oferta. En un mercado en continuo crecimiento, como es el del Turismo Cultural, una de las claves para la rentabilidad de las inversiones no es tan sólo ofrecer al visitante los servicios básicos que demanda. Podemos ir mucho más allá. Invertir las reglas básicas de ese mercado tradicional. Es decir, podemos hacer que la oferta prime sobre la demanda. Una vez conocidos y analizados los distintos tipos de intereses de los turistas podemos crear una nueva oferta turística-cultural lo suficientemente atractiva, segmentada y especializada. Es decir, podemos “crear un nuevo producto” de turismo cultural.
2.2. Capacidad de consumo ilimitada
Pero no basta con “crear un nuevo producto”. Además debemos “crear la necesidad de consumirlo”. El turista cultural es un excelente consumidor con unas características muy peculiares que le diferencian de los de otros sectores económicos. Además de poseer una mayor capacidad de gasto que el turista tradicional, su comportamiento consumista se rige por otras directrices que alcanzan al comportamiento humano: sus íntimos intereses, la curiosidad, el deseo de ampliar conocimientos, la necesidad de esparcimiento y la satisfacción personal. A diferencia de otros sectores en los que poseemos una limitada capacidad personal de consumo (por ejemplo el alimenticio) la demanda potencial del Turismo Cultural es casi ilimitada. Además, si no existe, siempre podemos “crearla”.
Baste recordar a este respecto actuaciones emblemáticas en España como la creación del turismo cultural judío de alto nivel a través de iniciativas tan importantes como “Espacio Sefarad” o la “Red de Juderías Españolas”. Este tipo específico de turismo cultural se caracteriza por poseer un altísimo nivel adquisitivo que repercute muy favorablemente en las zonas visitadas. El gasto medio de este tipo de turista pulveriza materialmente los 72,73 euros de media, situándose en niveles que oscilan en torno a los 150 e incluso llegan a los 300 euros diarios de gasto medio por persona y día en la zona.
En la creación de estos nuevos productos turísticos a menudo existen sinergias muy relevantes entre acciones e inversiones multidisciplinares. Las actividades de investigación histórica son el pilar científico sobre el que se desarrolla el producto, las actuaciones museográficas se convierten en núcleos de acogida e información dirigida al consumidor; por último son muy importantes las iniciativas públicas para captar a visitantes por medio de grandes operadores nacionales e internacionales. Estas acciones garantizan la rentabilidad de los sectores privados de inversión en servicios directos y auxiliares del sector turístico favoreciendo muy notablemente el desarrollo económico del territorio.
3. TURISMO CULTURAL Y NUEVAS TECNOLOGÍAS
Quizás sea el momento de intentar definir con más precisión nuestro marco de reflexión. Cuando en este análisis nos referimos a “nuevas tecnologías”, entendemos aquellas que asociamos al desarrollo del III Milenio en el marco de lo que se ha dado a llamar primero “Sociedad de la Información” y ahora “Sociedad del Conocimiento”. Es decir, aquellas que de alguna forma tendemos a definir como “digitales”, “multimedia” o ”virtuales”. Aquellas que, al menos eso parece, están provocando un cambio sustancial en nuestros procesos culturales, sociales y económicos y que son susceptibles de integrarse en aplicaciones destinadas al turismo cultural en la más amplia concepción del término. Tecnologías que han hecho posible un nivel de globalización de la información que nunca hubiéramos imaginado hace tan sólo unos años. Pero también las mismas que están fracturando de forma irremediable a nuestro planeta entre las sociedades “conectadas” y las que, para nuestra vergüenza, aún están en otros procesos de desarrollo.
Pero, ¿qué han aportado hasta ahora las Nuevas Tecnologías al Turismo Cultural? Durante los últimos años del siglo XX hemos podido asistir a una progresiva aplicación de las TIC’s en el sector desarrollándose en dos sentidos “clásicos”: aquellas aplicaciones cuyo objetivo era la “conservación”, y las dedicadas a aspectos más innovadores de “difusión”, bien sea de información, bien de patrimonio turístico.
3.1. Nuevas Tecnologías aplicadas a la Conservación
Aunque nuestra reflexión se centra sobre todo en torno a la “difusión”, es indudable que las nuevas tecnologías han realizado excelentes aportaciones en los procesos, técnicas y sistemas de “conservación” del patrimonio cultural, que a su vez es una de las materias primas más importantes del turismo cultural. Su aplicación se ha venido desarrollando de forma progresiva, pero cada vez más firme con el paso de los años, sacando buen provecho de las innovaciones tecnológicas, a menudo desarrolladas para otros objetivos.
Pero dentro de nuestro ámbito de análisis, quizás uno de los aspectos más relevantes de los últimos años sea el proceso de “digitalización global” al que estamos sometiendo a nuestro patrimonio. Y esta “digitalización total” es muy positiva, muy “productiva” y debiéramos concebirla desde el punto de vista más amplio. Ya estamos “digitalizando” de forma sistemática nuestras bibliotecas y fondos documentales. Las instituciones europeas ya hace tiempo que tomaron conciencia de su importancia promoviendo programas de digitalización de toda clase de contenidos. Hoy, los principales museos, hemerotecas, filmotecas, fonotecas, archivos, etc… están sumidos en una costosa y a menudo dilatada labor de digitalización de sus fondos.
Pero también los pueblos y los territorios rurales están promoviendo acciones en este sentido. Por ejemplo, la digitalización de numerosos fondos fotográficos del siglo XX de nuestro entorno rural está dando como resultado un extraordinario y “nuevo” patrimonio digital etnográfico y documental que de otra forma se hubiera perdido para siempre. Este “nuevo” patrimonio se convierte, o puede convertirse, en un “nuevo recurso turístico” al ser susceptible de transformarse en un producto consumible, como por ejemplo, un documental audiovisual, una exposición fotográfica itinerante, etc… O dicho de otra forma: la información digital puede transformarse en nuevos productos de difusión que generen conocimiento. ¿Sigue pareciendo algo teórico?
3.2. Nuevas Tecnologías aplicadas a la Difusión
3.2.1. Difusión de Información Turística
Es en el sector de la difusión donde la aplicación de las nuevas tecnologías es más evidente para gran parte de la sociedad. La universalización de internet ha sido una de las premisas más recurrentes en el sector en los últimos años para argumentar el uso de la red y las nuevas tecnologías aplicadas a la difusión de información turística. Un análisis, desde luego nada severo, podría dar resultados que parecieran positivos: un número elevadísimo de “sitios web”, gran número de servicios turísticos públicos y privados que utilizan la red como medio de difusión… pero no nos engañemos. La pregunta es: ¿está siendo internet un instrumento de relevante importancia en el desarrollo turístico de nuestros territorios rurales?
Puede que la red haya sido efectivamente un buen instrumento de transmisión de información. Pero tan sólo eso, información. Y la información en sí misma, ya lo hemos señalado, no genera nada. La utilización de la red en el sector del turismo en los últimos años podría resumirse así: “mucha información, poco conocimiento”. Es cierto que internet está casi saturado de webs que ofrecen información turística, pero deberíamos recordar cuántas veces hemos intentado realizar una reserva on line y nos han remitido a un teléfono, o cuántas hemos intentado utilizar un generador de rutas turísticas con resultados más que discretos, por no entrar en la calidad y actualización de los contenidos. Puede que el usuario se sacie de información, pero eso, tan sólo eso, no le llevará a la acción. Ahora, el siguiente paso en internet debiera ser estructurar toda esa información en un lenguaje natural de comunicación que genere nuevos conocimientos y conlleve a acciones directas de los ciudadanos salvando las barreras sicológicas y técnicas actuales. Por cierto, no estamos hablando tan sólo de un usuario “urbano” que utiliza la red para consultar información “rural”, claro. Porque, aunque parezca una obviedad, para que internet sea eficaz en el medio rural debe ser utilizado en el medio rural. Y para ello debe poseer las mismas posibilidades de velocidad, ancho de banda y servicios, que en los entornos urbanos o industriales. Y de momento aún estamos muy lejos de conseguirlo. Las iniciativas públicas llevadas a cabo para intentar paliar en la medida de lo posible las carencias de comunicaciones digitales (por cierto, privadas) están poco a poco dando sus frutos, pero en España aún es muy pronto para analizar resultados. Hay, no obstante, experiencias pioneras en territorios europeos donde la red ha sido un instrumento fundamental en el desarrollo territorial, aumentando considerablemente la interrelación entre los ciudadanos y convirtiéndose en un valor fundamental de identificación.
¿Cómo? Imaginemos un territorio casi perdido, de población dispersa y con muy malas comunicaciones terrestres. La implantación de un sistema de internet de banda ancha y alta velocidad aporta a este territorio ventajas directas para los habitantes, incluso si no son usuarios de la red. Y esto es lo más importante. La generalización total de algunas “ventajas añadidas”, como la comunicación telefónica gratuita entre todos los ciudadanos del territorio que aumenta de forma exponencial su interrelación, o la posibilidad de crear una televisión y una radio que emita directamente a través de esa misma red y que sirvan de medio de expresión e identificación territorial. Todo ello, claro está, sin considerar el interés de los servicios específicos de internet.
Mención aparte merecen los nuevos métodos analíticos de tratamiento de la información. Un ejemplo práctico en el sector turístico es la iniciativa CTSE (Cuenta Satélite del Turismo en España) promovida por el Instituto Nacional de Estadística. La CTSE aporta nuevas soluciones de análisis relacional entre datos del propio INE, diferentes Instituciones Turísticas y el Banco de España. Este tratamiento de información soluciona la dificultad analítica de un sector económico transversal donde participan en la oferta múltiples empresas de diferentes ramas de actividad. Es, en realidad, una nueva forma de “leer” diferentes tipos de información del sector turístico e interrelacionarla de tal forma que se pueda llegar a nuevas conclusiones. O nuevos “conocimientos” que permitan mejorar el desarrollo del sector.
3.2.2. Difusión de Patrimonio Turístico - Cultural
Centremos aún más nuestra reflexión. ¿Qué han aportado las nuevas tecnologías a la difusión del patrimonio turístico cultural en los últimos años? Quizás una nueva forma de “ver” este patrimonio. Más espectacular, más divertida, más participativa, más directa. Pensemos, por ejemplo, en el concepto de museo de final del siglo XIX. Tiene muy poco en común con la tipología de Museo del siglo XXI. Hoy, los museos, las exposiciones permanentes, los espacios monumentales y los centros temáticos-culturales se han saturado de “nuevas tecnologías” que supuestamente conectan más con el espectador avanzado contemporáneo. Pero, como en tantas ocasiones, los inicios suelen pecar de barrocos y desproporcionados.
¿Cuáles han sido alguno de estos “excesos” de aplicación tecnológica de final de siglo XX en la difusión turístico-cultural?
Quizás una desmesurada parafernalia técnica en las actuaciones museográficas, en los espacios temáticos y exposiciones. Mucha “pantalla”, mucho “botón”, y mucha “multimedia” sin demasiado sentido.
La consideración casi omnisciente hacia las nuevas técnicas provocó un protagonismo a menudo exagerado del “continente tecnológico” dando origen a intervenciones que o bien no han conservado correctamente su entorno patrimonial, o bien lo han despreciado ocultándolo físicamente tras inexplicables barreras físicas o visuales.
Un lenguaje de comunicación inadecuado, bien por simplicidad, bien por complejidad. En algunos casos la supuesta “interactividad” del visitante se ejerce de forma más bien poco “inteligente”, por ejemplo pulsando un botón. Y eso no es “interacción”, es “darle a un botón”. En otras ocasiones el visitante requiere una excesiva interpretación del lenguaje multimedia y a menudo se perdía “navegando” entre “menús” y “submenús”.
Los Sistemas de Información, como las bases de datos digitales y las mediatecas, basados en nuevas tecnologías han sido a menudo muy poco “humanos”. Durante mucho tiempo hemos podido asistir a un debate sobre la relación “hombre-máquina”, cuando quizás hubiéramos tenido que plantearnos que no tenemos porqué cambiar nuestro propio lenguaje, nuestra forma de relación, nuestra forma de “preguntar”… y sobre todo nuestra “individualidad”. Los actuales sistemas de información aún arrastran rémoras de los “mass media”; medios de masas con contenidos “de masa” que los ofrecen “masivamente” a los usuarios. Es decir, son sistemas que no están preparados para responder a las necesidades complejas de la nueva sociedad.
Señalábamos que los principios siempre pecan de excesivos, pero… quizás no sea ésta la única causa de tantas “inadaptaciones”. ¿No es insólito que gran parte de las críticas anteriores son, en el fondo, problemas “de lenguaje”? Es posible que esto sea debido a la propia especialización de las personas que han desarrollado estas aplicaciones. Durante los primeros “años tecnológicos”, los últimos diez del siglo XX, los profesionales e investigadores dedicados al sector en sus más diversas especialidades han podido sufrir un mínimo retraso en su reciclaje o formación tecnológica con respecto a las necesidades de productos del mercado. Y esto a menudo ha provocado que las personas responsables de aplicar los nuevos recursos tecnológicos hayan sido especialistas en otras materias (ingeniería, informática…) con escasa participación directa de investigadores, museógrafos o profesionales del patrimonio o del sector turístico cultural.
Otro aspecto relevante es que este “delay” tecnológico ha provocado otro mínimo retraso en la participación activa de especialistas en la creación de nuevos recursos tecnológicos y nuevos lenguajes de difusión adecuados a nuestros contenidos y a nuestros receptores. A este respecto es muy significativa la escasez de proyectos desarrollados en Europa de I+D de Nuevas Tecnologías de la Información y Comunicación aplicados “directamente” al sector de la Difusión de Patrimonio o del Turismo Cultural. Ni siquiera del Turismo.
Es cierto que la práctica mayoría de los programas apoyan iniciativas de digitalizaciones, ediciones multimedia y utilizaciones de nuevas tecnologías. También se han realizado numerosas I+D’s de TIC, uno de los sectores institucionalmente más apoyados, y no es menos cierto que gran parte de ellas se han podido aplicar a nuestro sector. Pero estamos hablando de “crear”, de “participar activamente” en nuevos “productos” y “lenguajes” especialmente adaptados a las necesidades de la difusión del patrimonio turístico y cultural. No basta con almacenar de forma “muy tecnológica” cantidades ingentes de información. Ahora, hay que crear riqueza. Y…, ya lo sabemos, la información no crea riqueza.
4. ÚLTIMAS TENDENCIAS EN LA DIFUSIÓN DEL PATRIMONIO TURÍSTICO-CULTURAL
A pesar de todo, los últimos años han dado como resultado una profesionalización del sector con un considerable aumento de la calidad técnica y creativa de los productos y unos recursos humanos cada vez más formados y especializados. Gran parte de lo que podríamos considerar “nuevas tendencias” de aplicación tecnológica en la difusión del patrimonio y el turismo cultural corrigen de forma muy notable los desaciertos de aquellas primeras etapas.
•
T.I.C’s.
Una de las principales tendencias de hoy día es la aplicación de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación en los sistemas museográficos. Tales aplicaciones no sólo tienen en cuenta los sistemas expositivos, sino también y muy especialmente los apartados dedicados a la difusión de contenidos digitales, con la utilización de la red, CD-ROM’s, DVD’s, etc…
• Realidad Aumentada
Es uno de los conceptos más actuales. En contraposición a la realidad virtual, la realidad aumentada se basa en la propia “realidad”, respetándola por completo y añadiendo determinada información que la “aumenta”. Por ejemplo, se pueden “completar” con proyecciones partes de un edificio arquitectónico que no se conservan, como determinadas decoraciones. Es un concepto que da mayor importancia al entorno y evita “tapar” el continente patrimonial.
• Espacios Temáticos e Inmersivos
En el diseño de los proyectos museográficos de los últimos años se observa una tendencia a la creación de espacios inmersivos con un recorrido siguiendo una línea argumental. El trayecto se plantea habitualmente dividido en espacios temáticos por donde se camina de forma libre. Diferentes estímulos realizados con nuevas tecnologías sumergen al espectador; auditivos, visuales, olfativos, etc… para darle la sensación de “estar allí” casi en otras épocas, en otros lugares. Es, en suma, un intento por aproximarnos a un lenguaje que conecta más con el espectador del siglo XXI más cercano a las sensaciones.
• Nuevos Sistemas de Información
Es este mismo espectador quien pide menos “información” y más “emoción”. Los sistemas de información al visitante en los museos, entornos patrimoniales, exposiciones y espacios temáticos se han tenido que adaptar a una realidad que quizás nunca hubiéramos debido olvidar. El visitante no busca en ellos una “información avanzada”. Hay otros lugares y otras vías más adecuadas para conseguirla.
• Tecnología y Ecología
Los actuales proyectos de instalación proponen intervenciones con nulo impacto ambiental en el entorno arquitectónico, paisajístico o monumental, derivadas directamente de las nuevas posibilidades tecnológicas. Además, los nuevos materiales permiten que todas las fijaciones, sistemas y soportes de instalación puedan ser “exentos” o bien utilizar métodos ecológicos, inocuos y no agresivos con el entorno.
• Espacios Inteligentes
Hoy día es ya casi imprescindible que un mismo espacio expositivo, o un mismo espacio monumental, pueda “adaptarse” a las necesidades de cada visita incluidas las de personas discapacitadas. Los nuevos sistemas de control y la ingeniería de sistemas permiten con tan sólo “pulsar un botón” que el espacio se “comporte” de diferente manera adaptándose, por ejemplo, a visitas libres, guiadas o didácticas. También a los idiomas de explicación, al nivel de información que se desea o al número de visitantes.
5. NUEVOS RECURSOS TECNOLÓGICOS DE DIFUSIÓN
Estas son quizás las líneas actuales más innovadoras. Para poder llevar las a cabo se están aplicando avances tecnológicos multidisciplinares y muy probablemente sean necesarios muchos más que aún están por desarrollar.
• Nuevos Sistemas de Información
Los tradicionales “paneles” de información están adaptando nuevas tecnologías de impresión que permiten realizar reproducciones en 3D muy cercanas a las técnicas holográficas. Esta nueva técnica, por ejemplo, puede mostrarnos una pieza mueble como si la estuviéramos contemplando girando sobre sí misma. Es tan sólo un ejemplo de lo que sin duda será el paso más inmediato de los tradicionales paneles gráficos de información.
• Nuevos Sistemas de Emisión y Proyección Audiovisual
Los nuevos formatos audiovisuales permiten ir un paso más allá de los sistemas de proyección tradicionales. Las multipantallas, las pantallas panorámicas y las proyecciones en 360 º y 3D basados en DVD y formatos de vídeo digitales abren nuevas posibilidades superando a las tradicionales “pantallas de proyección”, que ahora tienden a “camuflarse” en el entorno evitando la exhibición del “aparato tecnológico”.
• Nuevos Sistemas Multimedia, Interactivos y de Inmersión Sensitiva
Los tradicionales “sistemas multimedia” han dando paso a conceptos más adaptados a los usuarios tanto en la “interacción” del espacio como en los dispositivos de relación con el visitante. Es decir, se está cambiando el “lenguaje”. Hoy día el espectador ya no está tan requerido por los sistemas. Es mejor “detectarlo”. Que sus decisiones sean “naturales”. Que “toque” y “actúe” sobre elementos físicos habituales, nada “extraños” ni “tecnológicos”. Por otro lado, se están introduciendo nuevos dispositivos que permiten integrar sorprendentes estímulos emocionales y sensitivos con aromas automatizados o cambios de temperatura.
• Nuevos Sistemas de Gestión Acústica Multifocal
Los más innovadores sistemas de gestión acústica permiten dividir el espacio arquitectónico en diferentes “zonas acústicas” y controlar completamente la emisión de contenidos de forma muy personalizada. Por ejemplo, para aplicaciones “informativas” el espacio puede “comportarse” de diferente forma dependiendo de, por ejemplo, el momento en que entran nuevos visitantes en una sala. En aplicaciones más creativas heredan las posibilidades de los últimos formatos de audio digital multicanal (Dolby 5.1) avanzando sin límite en las posibilidades multifocales.
• Nuevos Sistemas de Realidad Virtual y 3D
El importante desarrollo de técnicas de realidad virtual está permitiendo nuevas aplicaciones muy interesantes. Los últimos softwares de generación de imágenes hiperrealistas indistinguibles de la realidad están dando paso a posibilidades de cálculo aún más complejo, basado en el trazado de rayos, tanto en imagen como en sonido. ¿Para qué? Ahora, por ejemplo, es posible no sólo “reproducir” por ejemplo un Templo Romano en 3D, sino también la exacta iluminación de las teas de fuego, como “sonaba” realmente ese templo, el olor de las piedras y el aceite…
• Nuevas Técnicas y Nuevos Materiales de Reproducciones y Atrezzo
Las maquetas y reproducciones tradicionales han sufrido un cambio sustancial tanto en sus planteamientos de ejecución técnica como en sus sistemas informativos. Los materiales actuales, las nuevas técnicas de inyección láser y el modelado automatizado de modelos 3D permiten reproducciones muy exactas con una rapidísima ejecución. Por otro lado su “entorno” se nutre de nuevos elementos de información como iluminación aumentada, sonido o proyecciones directas sobre las maquetas, superando de forma muy notable a las tradicionales.
• Diseño Industrial
Es una de las últimas incorporaciones en los equipos multidisciplinares dedicados a la difusión del patrimonio turístico y cultural. Su trabajo en el diseño de mobiliarios de exposición, o de sistemas de información asegura una perfecta armonía con el entorno, un nulo impacto ambiental, y trabajar el proceso de diseño y seguimiento de fabricación bajo las ISO’s y normativas exigidas para cada necesidad. Hoy día las administraciones locales y territoriales suelen ser muy severas con las normativas que afectan a estas aplicaciones. Contar con un grupo especializado asegura un resultado correcto y adaptado a la legislación vigente en cada caso. Además los grupos de diseño industrial suelen aportar muy buenas e innovadoras soluciones tecnológicas tanto en nuevos materiales como en diseño adaptado de usuario que facilita notablemente el uso y la comprensión de la información.
• Ingeniería de Sistemas y Domótica Aplicada a Espacios Expositivos
La ingeniería de sistemas de control y la domótica son dos áreas de especialización que también se han unido a las nuevas técnicas aplicadas. Su aportación es fundamental a la hora de crear espacios con “comportamientos”. Espacios “inteligentes”. Los nuevos sistemas de control permiten automatizaciones integrales de todos los elementos técnicos. Funcionar a “one touch”, “a un botón”, sería imposible sin la participación directa de la ingeniería de software y hardware, que a menudo se desarrolla específicamente para cada aplicación.
6. DE AHORA EN ADELANTE. PROPUESTAS POSIBLES Y TECNOLOGÍAS IMAGINARIAS
La filosofía oriental dice que las cosas, sencillamente por imaginarlas, pueden llegar a ocurrir. Hagamos pues un ejercicio de imaginación. Una mirada al futuro. ¿Qué pueden aportar las Nuevas Tecnologías en el futuro al Turismo Cultural y al Desarrollo Territorial? ¿Cuáles podrían ser los caminos más lógicos de aplicación? ¿Cuáles son las necesidades tecnológicas del sector en el futuro inmediato?
6.1. Propuestas Posibles
Discriminar lo relevante de lo irrelevante, la información del simple ruido, no es tarea de la información sino del conocimiento.
Mientras la información es algo externo e informe, el conocimiento es interno y estructurado. La información es rápidamente acumulable, es automatizable e inerte. El conocimiento es de crecimiento lento, no es automatizable, sólo es humano y, quizás lo más importante, conduce a la acción. Por ello nuestra nueva sociedad es una sociedad del conocimiento. ¿Qué queda, entonces, de la Sociedad de la Información? Pues precisamente eso, información. Que no es poco. Es muchísimo. Es la “materia prima” del siglo XXI. Y a medida que la información vale menos y su acceso se democratiza el valor del conocimiento crece.
Primera propuesta
Acceso libre y gratuito a datos e información institucional de carácter turístico y cultural.
Y en el más amplio sentido del término. A menudo, en el proceso de explotación de productos basados en la aplicación de nuevas tecnologías destinados en el sector del patrimonio turístico-cultural y promovidos desde las instituciones (realmente casi todos), llega un momento en el que la información, los “datos”, podrían considerarse tan sólo una mera “materia prima” con escaso valor de residual. Y el abaratamiento de esta información, de esta “materia prima” podría abrir la posibilidad de crear cada vez más “productos” que generen nuevos conocimientos. No es ninguna quimera. Es una de las aportaciones más claras de las nuevas tecnologías al sector: el Nuevo Patrimonio Digital.
Este Nuevo Patrimonio Digital abre vías de explotación hasta hace bien poco difícilmente imaginables. Además posee dos características que afectan directa y muy positivamente al desarrollo territorial: por un lado no es excluyente, por otro es ilimitado.
El Nuevo Patrimonio Digital difunde y complementa cualquier otra actuación territorial, cuando no genera nuevas acciones. Pero no sólo no es excluyente, también son ilimitadas sus posibilidades de explotación. ¿Exagerado? Veamos un ejemplo sencillo: Un territorio, un consejo territorial, por ejemplo, promueve una iniciativa enmarcada en las “nuevas tecnologías” pero que no tenga porqué ser ni muy costosa, ni muy compleja. Por ejemplo: digitalizar las fotografías antiguas del siglo XIX y XX del territorio. Su “memoria visual”. Y el resultado es… información. Puede que los datos nos parezcan fotografías digitalizadas, pero en realidad no son más que información binaria ordenada de una determinada forma. Esta es la nueva “materia prima”. Y ahora… la imaginación. Con esa “materia prima” se pueden realizar algunas acciones más que interesantes para nuestro objetivo: como un programa de DVD que narre por temáticas la historia visual de ese territorio en el siglo XX, o una exposición itinerante por los ayuntamientos de fotografías antiguas de la zona, o una página web donde se pueda acceder al archivo fotográfico, o un video muro para eventos públicos, o servir de base para un estudio etnográfico… Es la diferencia. La información tiene un límite físico, la imaginación no.
Pero llevar a cabo todas esas posibilidades depende del acceso a esos contenidos digitales, en nuestro ejemplo a esos “datos” de las fotografías digitalizadas. Por eso el Nuevo Patrimonio Digital sólo será un activo con capacidad de generar riqueza si la “información”, si su “materia prima” es accesible. ¿Por qué no, entonces, promover acciones que tengan como objetivo la gratuidad y el libre acceso a esos datos de información turística y cultural institucional —que de alguna forma ya están “cobrados”, o “amortizados”, o “pagados”, depende desde que punto de viste se observe—; productor, administración, o contribuyente? Volvamos a nuestro ejemplo. Una vez “digitalizadas” todas esas fotografías con financiación pública qué sentido tiene que no estén disponibles para los ciudadanos. ¿Acaso no se han utilizado recursos económicos de todos para realizar el trabajo de digitalización? Desde luego sería más práctico que esos “datos” pudieran ser generadores de riqueza en cualquiera de los ejemplos que antes señalábamos. O que sencillamente los ciudadanos de ese territorio o de cualquiera del planeta pudieran visionar, por ejemplo, las fotografías por la red. Hay ejemplos muy notables de esta especie de ineficacia digital institucional. ¿Tiene algún sentido que después de financiar con fondos públicos la digitalización del diccionario de la Real Academia Española un ciudadano tenga que pagar para consultarlo por internet?
La práctica totalidad de las instituciones y administraciones han promovido la producción de programas basados en nuevas tecnologías destinados a la difusión del patrimonio turístico y cultural. Producciones en formatos de vídeo, DVD y CDROM de financiación pública. Producciones en las que los participantes, los creadores o la productora ya obtienen un justo rendimiento económico por su trabajo. Es cierto que, en nuestro país, la legislación actual origina, si no se especifica lo contrario, una serie de derechos de autor en cadena derivados hacia cada uno de los participantes en el trabajo, pero en la práctica, no es menos cierto que este tipo de producciones poseen una clara “amortización”. Es decir, que los profesionales y creativos que han participado se suponen ya correctamente retribuidos. Quizás no en otros, pero sí en nuestro sector, la mayor parte de los autores ya perciben sus beneficios en el proceso productivo, independientemente de la difusión de su obra. Los derechos de autor devengados, salvo en los grandes eventos, poseen un valor absolutamente residual, son mínimos, cuando no imposibles de “rescatar” para los autores. Sin embargo su efecto negativo es demoledor.
Por un lado los derechos cruzados aumentan considerablemente los trámites administrativos y los costes económicos de nuevas ediciones. Por otro lado, la consideración de “obra infragmentable” impide legalmente nuevas acciones de producción con esa nueva “materia prima”, sea cual sea su forma final de comunicación.
Gran parte de responsabilidad de esta clara inadecuación del actual sistema legislativo a la realidad económica, social y creativa reside en las sociedades gestoras de derechos de autor. Sociedades con estructuras que no podrían calificarse precisamente de horizontales y cuyo comportamiento humano y administrativo ha generado una falseada imagen de la realidad legislativa, una falseada imagen de su gestión y una falseada imagen de la retribución de derechos a los autores y editores.
En nuestro país, en 1987, se privatizó y liberalizó la gestión de derechos de autor. Hasta esa fecha poseía el monopolio estatal del anterior régimen la Sociedad General de Autores de España (SGAE). Desde entonces, pasó a convertirse en una más de las sociedades privadas de derechos de autor que a partir de ese momento cualquier ciudadano podía constituir. Además, la ley también otorga al autor y al editor la libertad de escoger el régimen de explotación de su obra, y por supuesto, la sociedad que quiere que gestione sus derechos, si así es como desea administrarlos, o renunciar a ellos.
No obstante, algunas sociedades han actuado de forma casi coercitiva con el inexplicable amparo de algunas sentencias judiciales de dudoso acierto. Una de ellas, por ejemplo, nos obliga a todos los ciudadanos de este país a pagar un “canon” a unas determinadas sociedades privadas de derechos de 0,18 euros por cada unidad de soporte de CD que compremos para nuestro uso personal. Inexplicable. La sentencia parece no tener en cuenta algunas particularidades que afectan directamente a derechos fundamentales de usuarios, autores y editores. Por ejemplo, ¿por qué una sociedad privada de derechos de autor cobra 0,18 euros por el CD que voy a utilizar para remitir a la imprenta este artículo que estoy escribiendo?. ¿Son ésos mis derechos de autor? Si así fuera, ¿lo lógico no sería que me los descontaran del CD en lugar de cobrármelos, ya que “el autor soy yo”? Y sobre todo, ¿por qué los cobra una sociedad privada a la que no pertenezco y que nunca me abonará esos 0,18 euros por “mis” derechos de autor? En fin.
No debiéramos olvidar que el objetivo de estas sociedades, como el de… por ejemplo las cajas de ahorros, posee un carácter de bien social, pero al igual que éstas, su atención se centra en las “grandes cuentas”, y sobre todo en los resultados económicos de la propia entidad. Planteen, como ejemplo, el siguiente caso a cualquier sociedad gestora: si resulta que los autores y editores de una obra son la misma “persona” (sea física o jurídica), ¿cuanto porcentaje de derechos de autoría y edición les “vuelven” tras pagar a una sociedad de gestión los gastos por “gestionar” sus derechos? Se sorprenderán ante una realidad tan incoherente. Súmese a ésto unas tarifas con una estabilidad digna de cualquier zoco marroquí y un interminable listado de acciones judiciales contra las sociedades de gestión y entre ellas mismas… ¿Qué está ocurriendo? Los tiempos, de nuevo, están cambiando.
En la nueva sociedad del conocimiento la complejidad también se refleja en la diversidad de las posibilidades para la creación colectiva que ofrecen las nuevas tecnologías y en las nuevas relaciones del creador o creadores con su obra. Quizás haya que revisar la “cultura de autor” que ha predominado durante los últimos quinientos años. Comenzar a pensar que al menos algún tipo de trabajo, basado en la unión multidisciplinar de ideas, debiera considerarse de forma muy diferente a la tradicional “creación de autor”. Las producciones de carácter multimedia son un claro ejemplo de esta nueva realidad donde, a menudo, el arte y la cultura no tienen como único objetivo la “exposición”, sino la “difusión”. Y está claro que el Nuevo Patrimonio Digital coincide en ese objetivo.
Por suerte las últimas tendencias de los creadores se dirigen a nuevas formas de gestionar sus derechos en favor de la difusión de sus trabajos. Al menos, a controlar sus derechos de autor a través de otras organizaciones más coherentes con la nueva realidad. En la nueva sociedad del III Milenio, no basta “exponer” la cultura. Hay que difundirla. Y en una época en que la propiedad intelectual es uno de los caballos de batalla, el control del autor (no de una sociedad de gestión) sobre la difusión se convierte en un elemento fundamental para preservar los derechos que él quiera y desee para cada una de sus obras. Es decir, establecer los parámetros concretos sobre la copia, distribución, comunicación pública y transformación de sus contenidos.
Movimientos como el de Copyleft ilustran con claridad la nueva filosofía: subvertir el copyright, revisar críticamente los derechos de autor tradicionales y adaptar a la realidad digital el uso de la información en favor de la universalización de sus contenidos. Cuando un autor rubrica su trabajo con una licencia de libre distribución renuncia a algunos de los derechos “tradicionales”. Hay licencias copyleft para todos los gustos, unas más abiertas que otras, pero casi todas ellas permiten que las creaciones se copien y se distribuyan libremente y obligan normalmente a mantener la atribución al autor. En cualquier caso, nuevas licencias que se adaptan mejor a un realidad compleja que requiere de soluciones individualizadas y adaptadas a cada circunstancia y a cada sector.
Aunque la velocidad de su desarrollo pueda hacer obsoleto este párrafo antes de publicarse, algunas de estas licencias ya están fuertemente implantadas en el mercado digital. La GPL (General Public License) fue creada en 1988 y es un pilar central del movimiento del software libre, la inspiración para toda una corriente que promueve el compartimiento, la libre distribución y uso, aunque no necesariamente la gratuidad, de la información. Otros ejemplos son la GFDL, semejante a la anterior utilizada en los manuales del software libre o la LDGPL (Libre Designs General Public License). Especial mención merece la Licencia Creative Commons. Creative Commons es una organización fundada por el profesor Lawrence Lessig. Su organización se está convirtiendo en el estandarte del movimiento por la distribución abierta de contenidos. Las licencias de Creative Commons tiene el lema “algunos derechos reservados”. Los contenidos se pueden copiar y distribuir libremente. El autor elige entre varias opciones: mantenerse la atribución de la obra, sí puede ser modificada y hacer usos comerciales y compartir con las mismas condiciones. Las hay mucho más “localistas” o “sectoriales” como la Licencia 20 Minutos, específica para sitios web o la Open Audio Licence que permite el libre uso de sus canciones, distribuirlas, copiarlas o modificarlas, sólo exigiendo que se mantenga la autoría.
Analizada la realidad, preguntémonos qué podemos hacer para conseguir el objetivo de nuestra propuesta, es decir. el acceso libre y gratuito a los datos e información institucional de carácter turístico y cultural.
Quizás la primera necesidad sería desintoxicar a la opinión pública de la actual política económica que rige las retribuciones de los derechos de autor, que tan sólo favorece a las grandes gestoras, ofreciendo una imagen de la realidad completamente falseada. Tras ello, modificar o adaptar la legislación vigente en materia de derechos de propiedad intelectual para conseguir la progresiva gratuidad total y el libre acceso a la información digital institucional de todos los ciudadanos.
Para ello sería muy eficaz promover una Licencia específica para datos e información de carácter turístico y cultural. Esta Licencia sería una especie de “marca” institucional. Ofrecería un mecanismo automático de permiso para aplicaciones dentro de un determinado marco sectorial, por ejemplo el turismo y la cultura, respetando determinados parámetros como la difusión de autoría, etc. Una solución de este tipo permitiría ampliar al máximo el abanico de posibilidades de difusión de los contenidos digitales.
Un detalle que a estas alturas supongo que no habrá pasado por alto es que nuestro objetivo debe ser posible no sólo en entornos urbanos. Claro, siempre y cuando los ciudadanos de nuestros territorios puedan acceder a los recursos tecnológicos necesarios y el entorno rural posea las mismas infraestructuras físicas de comunicación digital que las ciudades. Pero esto, ya es otra historia…
Segunda propuesta Promover la Edición Digital y Optimizar la Difusión de Contenidos
Puede parecer una propuesta obsoleta en el tiempo, pero nada más lejos de la realidad. ¿Sabían que si apiláramos los libros sobre turismo y cultura que en estos momentos “descansan” para siempre en los sótanos de nuestras instituciones alcanzarían una mole semejante a la del próximo rascacielos más alto del mundo, el Taipie 101, de Taiwán?
La edición digital institucional está progresando a pasos mucho más lentos de lo deseado, y quizás de lo necesario. Es cierto, antes lo señalábamos, que casi todas las instituciones han promovido numerosas ediciones digitales y multimedia. Pero estas publicaciones a menudo no han sustituido a las tradicionales ediciones impresas, más bien se han sumado a ellas.
Cabría preguntarnos por qué no se está acelerando la tendencia dada la indudable conciencia generalizada sobre este tema, y quizás una respuesta la encontremos en la valorización que nosotros mismos hacemos, por ejemplo, de una edición de un “libro” sobre patrimonio exclusivamente en soporte digital. ¿Realmente la valoramos igual que una edición impresa tradicional? Esta puede ser una de las claves.
Promover la edición digital en las máximas áreas institucionales posibles, sin tener que renunciar por ello a otras publicaciones impresas, requiere sobre todo de un cambio en su valorización por parte del propio usuario. Pero este cambio debe ser activado a través de mecanismos automáticos que induzcan a comportamientos naturales. Cambios que permitan alterar en la sociedad la consideración general hacia las publicaciones multimedia o digitales.
Una de las medidas podría ser igualar realmente los créditos académicos entre las publicaciones digitales e impresas. Bien es cierto que esta medida debería estar acompañada de mecanismos de verificación, pero, como ya hemos apuntado en el apartado anterior, hoy día existen muy diferentes tipos de licencias, e incluso podría crearse una Licencia específica de carácter institucional.
Otra de las medidas, quizás de carácter más radical pero de gran eficacia social, sería el anuncio público de una institución de dar por finalizada la época de sus ediciones impresas. Esta opción puede realizarse en estructuras pequeñas, muy localizadas y además habitualmente deslocalizadas en entornos rurales. Por ejemplo, en los Centros de Estudios de carácter territorial la práctica totalidad de su presupuesto se destina a publicaciones impresas. Dar paso a la era digital en sus publicaciones es más que posible si los estudiosos e investigadores que colaboran con ellos obtienen los mismos “beneficios” por su trabajo. Pero, en este caso, los “beneficios” no son económicos. Habitualmente estas colaboraciones se realizan desinteresadamente porque aumenta su lista de publicaciones y con ello su currículum profesional del colaborador. Por ello se hace imprescindible no sólo la equiparación administrativa de la edición digital, también es indispensable su valorización social.
Otro de los valores añadidos de la edición digital es la importantísima reducción de costos de difusión y distribución. Nuestro ejemplo de Taipei es la consecuencia de una realidad que debiera hacernos reflexionar sobre la optimización y el rendimiento de las inversiones institucionales en publicaciones impresas. Los editores privados saben muy bien que lo importante no es imprimir un libro, lo importante es distribuirlo. Los sótanos y almacenes de las instituciones, de los centros de estudios y de las administraciones son un triste modelo de ineficacia editorial. ¿Para qué imprimir miles de libros que después no se distribuyen?
Es posible que una de las respuestas, seguro que no es la única, sea el elevado coste de distribución. Bien. Pero las ediciones digitales disminuyen de forma espectacular los costes de distribución. Y no sólo si la edición se realiza “on line”. Una edición de un CDROM posee unos costes de transporte mucho menores que un libro, por su peso y medidas, sin entrar en las posibilidades de almacenamiento de información, que en este caso se multiplican por cifras de varios ceros. La optimización en la distribución y difusión de las publicaciones turísticas y culturales, y con ellas de sus contenidos, es una de las aportaciones más importantes que las nuevas tecnologías pueden procurar al sector.
6.2. Tecnologías Imaginarias
Volvamos al principio. Decía Albert Einstein que sólo la imaginación es más importante que el conocimiento. Vayamos más allá… imaginemos.
La otra red
• Imaginemos que todo lo anterior está resuelto. Imaginemos que poseemos un sistema de posicionamiento global que no dependa del ejército de un país americano, imaginemos que el sistema es libre y gratuito para todos los ciudadanos europeos. Es decir, imaginemos que ya tenemos GALILEO, y deja de pensar en la canción de Elthon John. ¿Qué será entones de internet?, ¿Cuáles serán sus aplicaciones? Es posible que la red que conozcamos dentro de unos años tenga poco o nada que ver con la actual. Y no sólo por la velocidad de transmisión de datos. Los cambios debemos buscarlos más en los comportamientos del usuario y en las nuevas necesidades de información. En los últimos diez años el siglo XX la evolución de las personas conectadas ha crecido de forma exponencial, hasta un grado tal de generalización que se han alterado los comportamientos arquetípicos de aquellos primeros internautas. De forma general, se puede decir que la nueva comunidad de internet, la de los primeros años del milenio, se caracteriza por su pasividad. Es decir, los usuarios “aportan” menos contenidos propios a la red si exceptuamos los cada vez más controlados sistemas P2P. Las consultas, sin embargo, crecen de forma vertiginosa. Otra de las características, quizás fruto de la anterior, es la progresiva tendencia a minimizar las interacciones con el usuario sin por ello tener que disminuir su grado de información. El resultado puede ser una “red” que debiéramos entender de una forma mucho más abierta, quizás más próxima al concepto que ahora tenemos de plataforma multicanal digital de televisión si a ello se le pudiera sumar una capacidad semejante bidireccional de transmisión de datos.
Nanotecnología y Biotecnología
• Otra de las posibilidades a medio plazo es que se avance en las nuevas vías abiertas por los planteamientos más radicales de las últimas tendencias en investigación. La evolución tecnológica esta apurando sus límites “mecánicos” y cada vez parece más claro que el siguiente paso será la confluencia entre biología y nuevas tecnologías. Algunos ejemplos. Las memorias biológicas que permiten almacenar cantidades casi inimaginables de información y los nano-organismos programados genéticamente para “atacar” a, por ejemplo, un proceso de degradación en una estructura arquitectónica, están ya en muchas de los proyectos de los investigadores que avanzan en estas vías, quizás las más relevantes del futuro inmediato.
Espacios de Inmersión Sensitiva Total
• No es el momento de entrar en la eterna discusión del “nuevo concepto de museo”, pero… en el futuro inmediato podría darse, al menos, una nueva tipología de “museo”. Más bien una especie de “espacio”… vacío. Sí, vacío. Vacío físicamente, porque todos sus contenidos podrían ser digitales. El concepto no es nuevo. Las “digital cave” (cuevas digitales) ya poseen un alto nivel de desarrollo. Son lugares donde el visitante se encuentra completamente rodeado de proyecciones que generan una sensación de inmersión visual en el entorno. Su evolución podría dirigirse a integrar otra serie de recursos que las conviertan en una especie de espacio de “inmersión sensitiva total” donde el usuario pudiera acceder a toda clase de información por medio de lenguaje natural. Las prestaciones de estas “digital cave” podrían ser, por ejemplo, la “visita virtual” a un patrimonio arqueológico inaccesible al público conservando intacto el “entorno real”, visitas que podrían ser completamente “sensitivas” con olores, temperaturas, viento, etc… Lenguaje natural
• Otro de los conceptos que quizás evolucionen con rapidez sea el de las ya “tradicionales” mediatecas y los sistemas de acceso a su información. Lo podrían hacer hacia una especie de “Espacios Digitales de Recursos Culturales Integrados”. Una evolución muy avanzada del concepto de portal cultural de internet. Un “lugar”, que ya no tiene porque ser físico, con prestaciones de consulta y lenguaje hoy casi inimaginables. Las bases de datos y sus farragosos sistemas de búsquedas evolucionarán a lenguajes muy naturales donde la consulta y el acceso a los contenidos se realice de forma “humana”, es decir por medio del “lenguaje natural”. Algo así como sentarse delante de… pongamos una “pantalla” y decir… “quiero ver un listado que incluya el cartel anunciador de las peliculas que rodó Luis Buñuel en España, pero sólo las que tienen planos americanos de los protagonistas.”. Además, para la consulta y difusión se implementarán sistemas de realidad virtual inmersiva tanto de uso individual como colectivo.
Sistemas de Información por Satélite
• Los Sistemas de Información Individual por Satélite pueden ser otra de las claves de la Información Turística y Cultural del futuro más inmediato. Imaginemos una familia media que decide realizar una ruta cultural. Se suben al coche y seleccionan a través del receptor digital de radio el canal de Turismo Cultural. Marcan la ruta que van a seguir y seleccionan el nivel de información que desean recibir; básico o avanzado. El canal por satélite “guía” al vehículo de forma personalizada hacia el destino ofreciendo información previa sobre la visita y música seleccionada hasta que llegan al primer destino. Una vez iniciada la “ruta” van recibiendo información puntual sobre los puntos por donde están pasando. Deciden parar y pasear. Si lo desean cada uno puede seguir escuchando información gracias al auricular inalámbrico del PDA que incorpora un localizador individual para recibir información concreta con una desviación de… más menos dos centímetros… Cada uno de ellos decide, además, realizar una visita diferente por el espacio. La información es personalizada, individual. Una información que cubre las necesidades concretas de cada usuario cultural y que se adapta, más que nunca, a la nueva complejidad.
Este podría ser el futuro de una realidad que hoy todavía está en sus primeros pasos, pero como postula la segunda ley de Arthur Clarke,
“…la única manera de descubrir los límites de lo posible es aventurándose un poco hasta lo imposible.”.
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