La historia del grabado, su desarrollo y su evolución ha estado siempre íntimamente ligada, quizá en mayor medida que otras artes, al avance de su técnica. Con estas innovaciones y a lo largo de los años cada nuevo procedimiento ideado contribuía a incrementar la lista de químicos y materiales tóxicos y nocivos utilizados por los profesionales del mundo del grabado. El relativo interés que existía por minimizar los efectos de estos productos en la salud de los profesionales sólo permitía la opción de usar equipamientos y medios de protección en ocasiones poco eficaces ya que el único modo de conseguir unos resultados técnicos satisfactorios era por medio de técnicas en muchos casos muy nocivas.
Sin embargo de unos años a esta parte esto ha empezado a cambiar de manera sustancial. En las últimas décadas el mundo de la industria de las artes gráficas ha venido desarrollando sustitutos viables a las técnicas de grabado tradicionales, forzados por las legislaciones que en materia de seguridad laboral han sido promulgadas. Indirectamente este hecho ha venido a cuestionar en cierto modo las técnicas tradicionales de grabado que se siguen utilizando de manera mayoritaria por artistas y escuelas de arte.
Muchos profesionales ni siquiera se plantean el uso de estas nuevas técnicas por diferentes motivos. Se podría pensar que el que cada uno en su taller siga utilizando estos medios de alto riesgo es respetable en tanto que es una elección meramente personal con respecto a su propia salud.
¿Pero sería igualmente aceptable si esta elección pudiera repercutir en la salud de otras personas?, ¿y si conllevara además un deterioro del medio ambiente?
Esta es la realidad con la que nos encontramos, el uso de estos nuevos métodos de bajo riesgo (o mal llamados no tóxicos) implica además un bajo impacto medioambiental. Es por lo tanto una responsabilidad común de todos respetar el medio ambiente e ir, en la medida de lo posible, utilizando medios más ecológicos. En los países nórdicos, históricamente más preocupados por estos temas estos métodos se están imponiendo, pero aún queda mucho por recorrer.
En el campo de la enseñanza artística estos medios gozan de grandes ventajas frente a los tradicionales. A pesar de que las escuelas de arte que practican la docencia del grabado cuentan con la infraestructura adecuada de extracción de vapores, la función de estas escuelas es formar a profesionales que puedan hacer uso de sus enseñanzas una vez terminada su formación, por lo tanto, no sólo consiste en formar a un buen grabador sino también a una persona responsable que sepa lo que implica trabajar con esos materiales y cómo trabajar con ellos de manera segura. En el caso que nos concierne, el grabado, requiere de costosas instalaciones de seguridad: así si un recién diplomado en una escuela o facultad de arte se quisiera dedicar al grabado necesitaría de una importante inversión para instalar todo este equipamiento de seguridad.
Siendo realista, esto en la mayoría de los casos no es posible, restringiendo así la práctica del grabado a los profesionales con las posibilidades económicas que requieren esa inversión o, lo que sucede en la mayoría de las ocasiones, a profesionales temerarios que lo practican sin las medidas necesarias. De este modo si, como docentes, nos encontramos con la opción de elegir entre unos métodos u otros, ¿no sería interesante al menos considerar la opción de enseñar algo que el alumno pueda utilizar una vez conseguido el título o de crear unos hábitos positivos que eliminen riesgos?
El debate que se ha abierto en muchos países acerca de la sustitución efectiva de los métodos tradicionales y tóxicos de grabado no debe ser nunca considerado por nadie como una amenaza o un ataque a dichas técnicas, sino como una apuesta en común de problemas y soluciones concretas, que enriquezca tanto a defensores como a detractores.
A este respecto hemos de empezar puntualizando que realmente los nuevos métodos de grabado de bajo riesgo, que han sido bautizados en sus países de origen como “no tóxicos” recibieron este nombre que se les asignó oficialmente por las autoridades en materia de legislación (“A P Non-Toxic”) en su nacimiento a mediados de la década de los noventa.
Sin embargo las palabras “grabado no tóxico” representan más un concepto general de declaración de intenciones que una descripción real. Hemos de recordar que nada puede ser considerado “no tóxico” ya que la toxicidad es un término relativo y los materiales utilizados en estas técnicas tampoco son “no tóxicos”. Así, a pesar de que en los países anglosajones la denominación extendida es la de “Non-Toxic Intaglio” o “Non-Toxic Printmaking”, la terminología apropiada para hablar de estos productos y métodos es la de “grabado de bajo riesgo”.
El uso en la industria de productos que son usados comúnmente en grabado como el ácido nítrico esta restringido a cajas herméticamente selladas y otras medidas de seguridad, que según Friedhard Kiekeben, son similares en algunos aspectos a las que se exigen al manejar sustancias radioactivas. Ninguna medida parecida es necesaria para el uso de estos nuevos materiales.
Algunos de estos nuevos métodos y materiales de grabado de bajo riesgo no son tan nuevos, sino que son mejoras y actualizaciones de antiguos métodos, como los métodos electrolíticos y galvanográficos, que se desarrollaron y patentaron en el siglo XIX, y utilizados conjuntamente con la fotografía en algunos procesos fotomecánicos de esta época.
Fueron retomados a partir de 1991 en algunos talleres de grabado y revisados por Cedric Green, que los optimizó y empezó a dar a conocer y desarrolló a partir de ellos el Galv-Etch y el Bourdeaux Etch, métodos electroquímicos sencillos y seguros .
También tenemos que tener en cuenta dentro de estas alternativas la incisión química con sales metálicas, que no producen emisión de gases tóxicos como los ácidos tradicionales y, aunque su uso data del siglo XVII, también han sido actualizadas: por ejemplo Friedhard Kiekeben ha desarrollado y difundido en Escocia el Edimburgh Etch, basado en el cloruro férrico, y el Saline Sulphate Etch, basado en el sulfato de cobre. Otros expertos como Keith Howard iii en EE.UU. y Canadá, y Henrik Boergh iv en Dinamarca, entre otros, han trabajado también en las resinas y barnices de grabado acrílicos.
Pero quizá la alternativa más versátil e interesante dentro de estos nuevos métodos y materiales de grabado de bajo riesgo sean los fotopolímeros.v Este material de origen industrial y reciente aparición, fue desarrollado principalmente para la impresión flexográfica de embalajes.
Además de ser de baja peligrosidad, posibilitar grandes tiradas y poder ser utilizado tanto en hueco como en relieve, su procesado es simple, rápido, no requiere de materiales o instalaciones complejos y los resultados son muy fiables. Resulta prioritario que estos métodos sean de una calidad en resultados comparables y complementarios a los tradicionales.
Además y en gran parte debido a la legislación sobre salud, seguridad laboral y medioambiente que en la industria de muchos países se ha promulgado, las instituciones educativas se están replanteando la manera en que los estudiantes de arte y el personal de dichas instituciones trabajan con los peligrosos y nocivos químicos utilizados en grabado. Podemos así afirmar que tanto los fotopolímeros como los demás productos y procesos de grabado de bajo riesgo se están mostrando cada vez más como una herramienta eficaz en instalaciones sencillas e incluso como a alternativa a determinados métodos tradicionales.
La versatilidad y calidad de los resultados obtenidos hacen de los laminados poliméricos un producto muy a tener en cuenta en un futuro que ya es presente. Hemos de tener en cuenta que históricamente la aparición de nuevos materiales ha permitido nuevas posibilidades plásticas, y como es en este caso, la mayoría de estos han surgido de la industria y posteriormente han necesitado de la adecuación a necesidades plásticas concretas.
Este material posibilita un gran control, facilidad en el manejo y definición en los trazos e imágenes a reproducir, pero a pesar de esto, todavía se encuentra en la tesitura de su trasbordo del mundo de la industria al del grabado. Aún así sus posibilidades de manipulación directa o su vinculación a la imagen electrónica son algunos puntos de partida atractivos.
De cualquier modo nos parecen, por su facilidad en el uso y su absoluta inocuidad, especialmente interesantes como primera introducción en el mundo del grabado en la enseñanza secundaria o incluso primaria y por las grandes ventajas que conlleva su práctica con respecto a los métodos tradicionales, seguramente el uso de los laminados fotopoliméricos conjuntamente con las otras prácticas de grabado de bajo riesgo que hemos señalado, seguirán siendo implantados por cada vez más talleres de grabadores e instituciones docentes de todo el mundo
Sin duda, poco a poco, después de casi una década de experimentación práctica e innovación tecnológica las cosas están cambiando y estas nuevas técnicas de grabado de bajo riesgo se están definiendo como unos medios que ofrecen una gran riqueza de posibilidades creativas y un enorme potencial estético.
Hoy día ninguna persona sensata puede defender de manera lógica y coherente el seguir trabajando exclusivamente con los métodos convencionales e, incluso desde el mayor de los escepticismos, la preocupación por la salud y la defensa del medio ambiente deben ser la prioridad.
Sin embargo y a pesar estas indiscutibles ventajas, el hecho es que muchos docentes y profesionales del grabado se oponen frontalmente al cambio por diferentes motivos. Desde luego estos métodos están siendo constantemente perfeccionados por unos pocos profesionales en todo el mundo, pero cada vez cuentan con más adeptos y en algunos países (pocos) empiezan a ser práctica común.
A pesar de todo, oposición, recelos y suspicacias, estos métodos tienen cada vez más ventajas y menos inconvenientes y se están popularizando poco a poco. De todos modos, lo realmente importante es que por primera vez en 500 años se están cuestionando los métodos utilizados por los grabadores desde el punto de vista de la salud, así como sus materiales y se están desarrollando alternativas viables; así, no ha sido hasta el lanzamiento de estas técnicas que, tanto el respeto a nosotros mismos, como al medioambiente se ha convertido en un objetivo y una realidad.
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