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REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

ARROYO FERNÁNDEZ, María Dolores, 2005: "XI Congreso de la Asociación Española de Críticos de Arte (AECA): Crítica de arte y medios de comunicación; Fotografía, vídeo y últimas tecnologías", www.ucm.es/info/arte2o, julio 2005, pp.1-4. AUSTER, Paul: "El sentido del arte", Madrid, El País, 21 de octubre de 2006, p.49. ECO, Umberto, 1998, Apocalípticos e Integrados, Barcelona: Editorial Lumen. GIMPEL, Jean, 1972, Contra el arte y los Artistas o el nacimiento de una religión, Buenos Aires: Granica editor. JIMÉNEZ, José (ed.), 1998, "Introducción" en El nuevo espectador, Madrid: Fundación Argentaria- Visor dis., pp. 11-16. VICENTE, Sandra (2006), "Madrid y la Noche Blanca", Madrid: http://ejepeatonal.com , 14 de julio 2006.

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La red como soporte de difusión artística

Dado el desmedido impulso que las Nuevas Tecnologías de la Información han cobrado en los últimos años, y que afecta a todas las esferas del conocimiento, es pertinente detenerse y reflexionar sobre la relevancia de uno de esos ámbitos de aplicación: la difusión de la obra de arte a través de Internet. Este fenómeno está generando una rotunda transformación en la manera en que el Arte es percibido y, consecuentemente, apreciado y valorado.

Al hilo de la evolución tecnológica, desde mediados del siglo XX se ha ido forjando un nuevo espectador. "… Los cambios producidos en las últimas décadas en los procesos de creación y transmisión de la cultura han sido tan espectaculares que, probablemente, la idea tradicional de lo que llamábamos "espectador" se ha modificado en profundidad" (Jiménez, 1998: 13). Este giro se ha originado tanto en relación al proceso de producción o creación de la obra de arte en sí misma como en la comunicación del Arte a través de la red. El impacto que este fenómeno ha cobrado hoy es tal que los estudios sobre sus efectos reales, tanto positivos como negativos, constituyen una fascinante fuente de trabajo. Sin conformar todavía un estudio estadístico de rigor, ha sido la experiencia en el manejo de fuentes, el trabajo diario y la consulta continuada de portales de arte, las razones principales de esta comunicación que se abre al debate.

Me pregunto si es inevitable un mínimo nivel formativo en este terreno que fundamente un acceso más eficaz a la obra de arte y a la información artística que circula en la web. Este aspecto del tema atañe a la democratización del arte y de la cultura, uno de los puntos a tratar en este congreso. No todo el mundo posee estudios de economía, derecho, política, psicología o sociología, pero se sabe de su incidencia en nuestra vida y en nuestra cotidianidad. No conocemos el fondo de esas materias, es decir, lo que se sazona en su interior y luego influye en nuestra manera de ser y en nuestras acciones. En el mundo del arte ocurre que casi siempre existe un público que tiene alguna opinión ya creada o preestablecida sobre lo que es el Arte; gente que se siente capaz de criticar, valorar, estimar, sin poseer una preparación previa. Este fenómeno ha prosperado hasta el punto de que hoy día la facilidad de manejo de las nuevas tecnologías supone que el individuo que quiera, tenga voluntad y un mínimo de imaginación, pueda crear una obra, diseñar un objeto, escribir un texto, o componer una pieza musical.

La democratización del arte admite, entonces, no sólo el hecho de que toda persona de cualquier lado del mundo pueda acceder a una obra maestra atesorada en un museo, o consiga información puntual del panorama artístico, eventos y exposiciones de todo tipo, sino que lleva consigo una lenta desaparición del artista creador, único e irrepetible. La obra se desacralizada al llegar a un público masivo, al ser repetidamente vista y desmontada de su original; y que además puede ser recuperada – descargada -, manipulada y trasformada hasta convertirse en otra cosa. Por la facilidad que ofrece la red en accesibilidad, interactividad y manipulación de las imágenes y los textos, la distancia entre artista, escritor, historiador o crítico de arte y espectador-lector-internauta se ha estrechado hasta límites difíciles aún de calcular.

Con Internet, y en la órbita de una implacable economía capitalista, el Arte ha bajado desde las alturas celestiales pero se ha transmutado en otra religión, más cercana, más terrenal. "La religión del Arte (…) se ha convertido en Occidente, y más en particular en los Estados Unidos, en la religión más dinámica" (Gimpel, 1972: 165). Para avanzar en este discurso es fundamental tener en cuenta este punto específico que señala la relación entre el arte y el capitalismo propio de un mundo avanzado, en continuo progreso; una evolución imparable en que las más modernas tecnologías digitales, y la red de redes a la cabeza, se han convertido en las reinas absolutas.

Desde esta perspectiva y una vez llegado al momento presente es prácticamente imposible retroceder. No podemos ya prescindir de la facilidad que se nos brinda de contemplar la obra de arte mediada, mostrada a través de una pantalla. Las tradicionales reproducciones o láminas en perfecta trama de colores van quedando relegadas; igual que las revistas de arte en papel, adquiridas ya casi sólo por estudiosos y amantes de lo "original". El ordenador pasa a ser hoy un medio imprescindible y susceptible de ofrecer una gran calidad de imagen y formatos 3D etc.; inventos que se crecen por la perfección de los recursos técnicos que van adquiriendo las sociedades más civilizadas.

Lo anterior nos lleva a situar el objeto de estas líneas: deliberar y debatir sobre cómo los medios de comunicación masivo, y en concreto Internet y los recursos de la web están influyendo en la instauración de una nueva forma de mirar y de apreciar la obra de arte. No se puede dejar al margen el análisis de cómo influye, en lo formativo-pedagógico, en el público general la información que se ofrece en la web sobre los fenómenos artísticos. Este hecho se asociaría a un contexto amplio de aparición de un "nuevo espectador" ante los manifestaciones de la cultura, y que exige de ese naciente público una mayor implicación, participación e interactividad.

El proceso de desacralización y desmitificación del arte ocasiona la apariencia de que artista podemos ser todos. El artista ha bajado a la tierra y convive e interactúa con el ciudadano. El ya largo debate ente la unión arte-vida cobra hoy día un sentido por las tendencias que estrechan el margen que acerca el arte al gran público. De forma intermitente ha sido una exigencia a lo largo de las distintas etapas de la historia.

En fin, las reivindicaciones del mundo moderno demandan un sujeto activo frente a la "pasividad" y distanciamiento más típicos de tiempos pasados; incluso de los gloriosos momentos de las vanguardias históricas que, aunque primitivas y combativas en su lenguajes y planteamientos, resultaban al final un coto cerrado. Es innegable entender el gran paso dado entre exclusividad y accesibilidad. La facilidad con la que el Arte puede llegar al gran público, modifica a la vez el lenguaje con el que se difunde. Éste se hace más legible y divulgativo, es decir, se aleja de la tradicional escritura farragosa, demasiado teórica, erudita o literaria; en suma, se adapta a muchos tipos de receptores.

Lógicamente, al multiplicarse las páginas y portales de Arte en Internet, la calidad y profundidad de contenidos resulta muy versátil. Todo depende de los públicos a los que van dirigidos, los niveles de interés y de formación. Estos portales generalmente se ven afectados por la urgente actualización de las noticias y eventos, lo cual puede repercutir en la calidad y el rigor necesarios. Según lo dicho habría que considerar, y se supone obligado, un más dilatado espacio de tiempo para poder comprobar cómo afectan estas transformaciones en la forma de difundir el arte, su nivel de incidencia, con respecto a etapas anteriores.

Consecuentemente, sería de gran relevancia y pertinencia afrontar el objeto que nos ocupa: ¿qué aspectos se han alterado como consecuencia del uso de la web?, ¿cómo incide en un cambio de mentalidad, de elevación de nivel formativo, de sensibilidad o de sentimiento de autoafirmación?, o lo que es lo mismo el grado de implicación del público internauta. En definitiva, es de interés estudiar a fondo y dar a conocer cada paso dado hasta la conformación actual del fenómeno, que ya es pasado, y en el que influye poderosamente el avance incesante de los nuevos formatos.

Desde el videoarte hasta las más modernas tecnologías de la información, se reivindica nuevas y más accesibles formas de creación y difusión artística. Este hecho apunta hacia una comprobación de comportamientos, afectos y estudio de cómo se han establecido las pautas que han ido configurando la relación del hombre y la obra de arte. En estas valoraciones se puede correr el riesgo, y sería natural en métodos cualitativos, de entrar más en consideraciones subjetivas y filosóficas que propiamente científicas.

PLAN Y EXTENSIÓN DEL ÁREA

El campo de estudio de la incidencia Arte, publico e Internet cubre áreas disciplinares tan variadas como las Bellas Artes, la crítica de arte y la información y divulgación artísticas, también promoción de artistas y actividades de compra-venta, revista, guías de artistas, entidades, galerías, periodismo artístico en la red, etc.

Para poder conocer a fondo esta incidencia es necesaria una metodología que analice el impacto de los portales de Arte en un público: especialista, general y potencial. Un plan esbozado establecería unas escalas entre distintas capas de población, desde académica y especializada al público general, y recopilar los resultados: si se han producido transformaciones reales, hasta qué punto y en qué medida. Es decir, si se está más cultivado, formado, educado, sensibilizado ante el mundo del Arte por usar los recursos que ofrece Internet, o si el porcentaje se mantiene con respecto a la época precedente. Esto que consideramos ahora se puede extrapolar a la generalidad de disciplinas humanísticas y culturales.

Una metodología analítica exigiría enumerar y catalogar a fondo los portales existentes, en formato de revista, guía, venta de productos, etc., y observar el número de visitas, niveles de formación o profesión de los subscriptores, además de un examen de la calidad de los contenidos ofrecidos, desde el más académico hasta la información divulgativa.

Desde las pioneras en España (documentarte.com, arte10.com, ubicarte.com), la incorporación de otros muchos portales a la red ha supuesto dimensiones de tal calibre que hoy es casi imposible prescindir de estos servicios. A estas iniciativas se ha ido sumando las páginas web de museos, centros de arte, fundaciones, y otras instituciones que dedican parte de sus presupuestos al arte y a la cultura: comunidades autónomas, ayuntamientos, universidades; además de las páginas de los propios artistas, o aquellas específicas dedicadas al turismo o a la inversión del arte y antigüedades, tasaciones, etc. La multiplicación de eventos artísticos de todo tipo, privados y públicos, es la que ha dado cobertura a tal proliferación de páginas web.

La mayoría de los portales de arte iniciaron su andadura como guía de artistas, exposiciones de galerías, museos, etc. Posteriormente, casi todos incorporaron la sección revista con temas de actualidad, reportajes y contenidos críticos y de opinión. Pero la tendencia a generalizar los contenidos para atraer a mayor público ha sido el paso siguiente dado. De cualquier manera habría que diferenciar la revista creada expresamente on-line de aquellas publicaciones en papel que después iniciaron su versión digital (antiqvaria.com, arteyparte.com, el-punto.com, Exitmedia.net).

Uno de los aspectos que siguen mi argumentación es el siguiente: ante el incremento de los portales de arte en la web, que muchas veces ofrecen información repetida, la novedad del éxito está en marcar la diferencia, y en mantener viva la llama mediante la actualización constante con la incorporación de secciones, en función de los intereses del público-receptor. Se podría afirmar sin equivocarse que la red de redes por primera vez ha hecho posible que la crítica de arte, tan selectiva y lejana al gran público, intente adaptarse a una mayoría de lectores y abra las posibilidades a internautas potenciales; de la misma manera que el artista pretende a la vez jugar con las armas de la cultura de masas.

En resumen, el establecer el nivel de incidencia de Internet en la formación artística de sus usuarios sería un interesante campo de estudio, pero el dinamismo que muestran los portales dificulta un seguimiento pertinente de ese público que accede a la red. Las razones, entre otras, la gran flexibilidad, la alternancia y oscilación de visitas o consultas, a las que se añaden la dispar calidad con que algunos de estos espacios se presentan.

ALGUNOS APUNTES COMO CONCLUSIÓN

Puesto que el objeto de esta reflexión sobre la difusión del Arte en la red está abierto, apunto algunas ideas de discusión sobre cuestiones como la comprobación de si realmente se ha elevado el horizonte cultural de la población, o, en la práctica, la consulta de estas páginas web viene dada por el nivel formativo, interés o cercanía con la materia. En suma, se acaba restringiendo a personal más o menos interesado, más o menos especializado. Una evidencia comprueba que buena parte de la población está ávida de ser informada, de aprender y experimentar. No hay más que recordar la reciente celebración de la Noche Blanca en Madrid capital (Vicente, 2006), y observar las largas colas ante los museos y exposiciones, para entender que existe una amplia demanda de arte y de cultura. La pregunta se haría en otro sentido, se trataría sólo de espectáculo festivo, de esa tendencia tan habitual de las masas a dejarse llevar por los medios promocionales y publicitarios, y no de una instancia de comprensión franca y comprometida con el hecho artístico.

Los debates en este sentido se multiplican. Se discute, por un lado, la adaptación de los profesionales - críticos e historiadores del arte, artistas y estudiosos de esta disciplina - a los nuevos medios digitales y a una renovada y más amplia población receptora; y, al contrario, se especula con la posibilidad de la elevación del nivel cultural y artístico de esa misma población. La manera de establecer esa empatía se haría a partir de crear elementos de conexión entre emisor y receptor, sobre todo en aspectos de lenguaje, escrito o plástico según se trate. Precisamente se habló de todo ello en el XI Congreso de la Asociación Española de Críticos de Arte (AECA), celebrado en La Coruña (17,18, 19 de junio de 2005). El contenido versó sobre la Crítica de Arte y Medios de Comunicación. Fotografía, vídeo y últimas tecnologías, cuyas conclusiones se publicaron en la revista digital arte2o (Arroyo Fernández, 2005: 1-4); las Actas completas podrán leerse pronto en Internet en la sección de "Investigación" de la misma revista. Especialistas del campo de la crítica de arte lanzaban a debate los retos de la nueva crítica, un área especializada de la difusión artística general, que exige una readaptación. La cuestión está en que una práctica que conlleva habitualmente una manera de ver, de analizar, incluso de escribir, debe acomodarse a los parámetros con los que se mide al público actual del arte, cada vez más amplio y generalista.

Pero, asimismo, no dejo de considerar que asistimos a la observación de cierta pereza del autor por recrearse en su obra, sea plástica o escrita. La aceleración de la vida moderna es la culpable. Poco a poco la tradicional exigencia de soledad, de intimidad para elaborar su trabajo, casa poco con este mundo de vértigo en el que la información y las imágenes fluyen a un ritmo vertiginoso. La vida de eremita, crear una obra de arte o escribir en solitario, con tiempo y cierto distanciamiento necesario, no es convergente con la exigencia de estar al día, en el mercado o en la red de redes. Que la obra figure en los medios como sea, y que pueda leerse su nombre en la red, es aspiración de gran número de artistas y escritores. Nunca como ahora se ha difundido tanto Arte en la red, han nacido tantos artistas, y jamás se ha accedido a tanta información como ahora sobre un patrimonio que durante siglos ha pertenecido a unos pocos.

Pese a los valores positivos que es obligado reconocer en el uso de Internet, una gran dificultad que se presenta en este panorama es la confusión de información ante un número de eventos y de escritos que desborda y complica la labor instructiva y de sensibilización selectiva del receptor. El "todo vale" está presente también en los medios y hay que mantenerse avispado para saber separar el hilo de la paja.

Podemos alegar como conclusión que los profesionales existen y que hay que situar la mirada en el futuro, proporcionar unas pautas o guías de calidad que promuevan el cultivo de la sensibilidad y el espíritu crítico. Que la democratización llegue a todos en forma también de cultura. El arte, que ligeramente se ha considerado algo ajeno, sin utilidad ni rentabilidad práctica, es sin embargo una disciplina humanística necesaria para potenciar dimensiones humanas. "Esa necesidad de hacer, de crear de inventar es sin duda un impulso humano fundamental" (Auster, 2006: 49). Sin el "disfrute" del Arte, sin la capacidad de reflexionar, de ver y de afrontar la vida desde la perspectiva estética, se pierde una dimensión valiosa del ser humano. Se puede vivir en el mundo sin pensar que el Arte existe, pero se cercena una parte importante del espíritu del hombre y de su capacidad de abstracción de conceptos.

Si necesitamos el Arte como medio para el disfrute y para el desarrollo de habilidades "invisibles", también sería obligatorio aprender a depurar toda la información que nos llega y hacer un uso racional de Internet. Pero, volvemos al principio, hasta qué punto y en qué momento es necesaria una formación o sensibilización previa, o ¿son suficientes esos medios para tener unos conocimientos mínimos en el campo del Arte?

Apocalípticos e Integrados (Eco, 1998) aún existen, y será tema de debate por un tiempo. Una diferenciación que, con gran sentido de intuición y vaticinio, Umberto Eco introdujo en los años sesenta en la literatura artística. Pero presenciamos el nacimiento de otro tipo de hombre, participativo e incluso influyente en la dinámica creativa, en la crítica, en la demanda del arte. Asistimos al mandato de las audiencias, como antaño lo fue el gusto artístico de la clase privilegiada. El gran público es el que dispone y marca pautas, público "dirigido", pero público al fin y al cabo. Receptores que se mueven por modas, costumbres, golpes de efecto. Las buenas ideas de los hombres de cultura – promotores culturales – quedan relegadas por el poder económico: "El problema de la cultura de masas es en realidad el siguiente: en la actualidad es maniobrada por "grupos económicos", que persiguen finalidades de lucro, y realizada por "ejecutores especializados" en suministrar lo que se estima de mejor salida…" (Eco, 1998: 67). Y, cada vez tiene menos sentido la creación artística encerrada en sí misma, lo comprobamos en los grandes eventos visitados por números desorbitados de personas. La marca de la web ¿ha elevado sus capacidades de juicio?

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