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La iniciativa de organizar una convocatoria de arte en torno a la relación entre los libros físicos y los virtuales (los llamados e-books) empezó a partir de dos circunstancias.

En primer lugar, el contexto de la organización de una exposición en un centro cultural de Barcelona en torno a los libros de artista en el ámbito del Año del Libro y, en segundo lugar, una experiencia personal, la lectura, algo dura, de principio a fin, sin impresión previa a papel, de un libro de difusión gratuita en internet. ¡Mi primera lectura extensa de un ensayo completo ante un monitor de ordenador! Fue entonces cuando se me ocurrió preguntarme por la experiencia ajena. Y el buen arte siempre tiene esta naturaleza: ser un registro de una experiencia o una respuesta a una pregunta, sea ésta racional, verbalizable o puramente emocional. Es en este sentido que siempre he creído en un arte como forma de conocimiento de la realidad.

La respuesta internacional a la pregunta en torno al libro Afísico, dio como resultado una cierta polarización de posturas: La añoranza y defensa del libro tradicional ( de papel, encuadernado, físico ) o la respuesta relativista, ambigua o "postmoderna" que defiende un concepto ampliado de libro y cultura. No les falta razón a los que poetizaron visualmente en torno al libro "de toda la vida". Nada substituye la relación simbólica que mantiene alguien de sentidos abiertos con un buen libro. Pero de inmediato aparece la observación relativista y trashistórica, entre los que se encuentran los que defienden el nuevo libro virtual, global, democratizado, compartido.

Nunca nos cansaremos de recordar las dos revoluciones que tuvieron como protagonista el libro, en un sentido amplio: La primera y más importante, a la vez que traumática, en la que se destruyó (o empezó a destruir lentamente ) la cultura oral en Occidente . El paso de la cultura oral a la escrita. La segunda revolución, menor que la anterior, pero quizá más similar a nuestra situación, la aparición de la imprenta en la Europa del siglo XV que supuso el inicio del fin del "libro artesanal".

Es decir, un hipotético apagón del libro impreso por la actual revolución digital sólo sería un paso más en la muerte del libro-fetiche que se inició con Gutenberg con la desaparición del libro hecho a mano. Las respuestas artísticas van por el camino señalado: Un artista me envía un libro "encuadernado" con dos CD’s que amputan poemas españoles.

Una artista rumana me hace llegar un collage con un niño de alguna de las últimas culturas orales del Planeta.

Una librera alemana enfadada me envía una foto de un ratón (de ordenador) devorando un incunable.

También, en otro sentido, me llega una caja vacía, de Italia, y muchas otras poéticas de lo mínimo y del vacío, como respuesta a la palabra "afísico" usada en la convocatoria. Paradójicamente, la evocación a la magia, etereidad, a lo onírico como reivindicación del libro tradicional y querido coinciden con la inasibilidad y fugacidad del libro virtual. Y es que "libro afísico" implica esta ambigüedad ( que desde el primer momento buscamos ). Muchas de las obras, es cierto, sólo reflejan esa afisicidad, sin plantearse más.

Sin embargo, mucha atención, para muchos el libro digital es, todavía, una revolución invisible y discreta y los libros son siempre de papel incluso los que se bajan de internet y se imprimen, ¿para encuadernar?

Puestas así las cosas prevemos que si el libro artesanal sobrevivió a la modernidad, por ejemplo, en los actuales libros de artista no es difícil de imaginar que el perfeccionamiento de las nuevas tecnologías no anulen del todo al libro impreso sobre celulosa, para nostálgicos de las herramientas "naturales."

Quizá el futuro digital nos depare la Ilíada de Homero con olor a mar Mediterráneo, ¿os imagináis?

Fuente Más detalles e información en: www.santicabezuelo/abook.htm

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