Bruñido: Una vez corregidos los desniveles de la piedra litográfica, mediante la operación de pulimento, el artísta litógrafo, observando su composición y defectos debe decidir la técnica más adecuada. Las piedras de desigual dureza, por ejemplo, no son aptas para dibujar con tinta litográfica a pluma o pincel, pero, sin embargo, si pueden utilizarse piedras con vetas de diferente color; por su parte, los dibujos a lápiz litográfico exigen piedras de coloración uniforme y gran dureza. Sea como fuere, si el artista va a crear una imagen mediante los procedimientos de la aguada, la aguatinta, la punta seca, la pluma o el pincel litográfico, es decir las técnicas de
litografía que se basan en el empleo de tintas, debe procederse, después del pulimento, al bruñido de la piedra. Bruñir una piedra supone dejar su superficie absolutamente lisa, frotándola primero, con arenilla extremadamente fina y, después con piedra pómez o carbón de encina en polvo. En
grabado calcográfico la operación de bruñido consiste en alisar la superficie metálica de la lámina para eliminar cualquier irregularidad o hendidura.