No sé si hemos sido buenos anfitriones con Luis, que en distintas etapas y durante varios años ha sido un almeriense más, por trabajo y elección. Pero sí que con gente como él, yo y otros más hemos podido decir que mantenemos con nuestra ciudad un amor a "segunda vista".
Nada mejor para un nativo que se deje descubrir por alguien de fuera aquellos rincones que, por presentes, habían dejado de ser únicos. No nieguen que la mayoría de las veces nuestro entorno resulta un auténtico desconocido al que no le echamos ni el más mínimo vistazo. Luego cualquier día caminando más atenta de lo normal tropiezo con esquinas y horizontes que se abren a mi paso y en las que no me había percatado en años. No es este un descastado privilegio de Almería, pero casi. Para que fingir que hemos estado demasiado tiempo viviendo de espaldas ala ciudad y aún más a los extraordinarios paisajes que la rodean. La fotografía de Luis intenta acabar con eso.Y nos propone una mirada nueva. Despertar contemplando imágenes nuevas de lo cotidiano de nuestra ciudad es una primera lectura de esta obra.
A Luis le gusta repetir eso de que hace "fotografía a lo pobre", una definición que acuña para no espantar a los profanos con eso de estenopeica. En la época de las nuevas tecnologías, el formato digital y las cámaras millonarias, este fotógrafo y profesor de fotógrafos predica que la fotografía puede existir sin cámara, ni película. No hay objetivos, filtros o diafragma. Sólo papel, una caja y un agujero. Como Grotowski, que se cansó de explicar que el teatro puede existir sin vestuario, decorado, iluminación e incluso sin texto, aunque nunca sin público ni actores, los fotógrafos de estenopeica van contracorriente y siguen en sus trece de convencernos que la fotografía es luz y poco más. En este caso se consigue.
Pero es que además con la estenopeica hay que cambiar el chip. La definición a lo Cartier Bresson de que la fotografía son fragmentos de instantes enmarcados por azar ya no nos vale, porque lo que aquí se plasma es la perpetuidad de nuestro entorno. Congelar un instante resulta imposible pero no lo es borrar de un plumazo lo que no permanece. Hacer de la quietud un testimonio vivo y único que lo mismo nos sirve para reconocer escenarios familiares que para disfrutar de la técnica más artesanal de la fotografía. Desvanecer fantasmas que van de aquí allá es sencillo a no ser que se paren a contemplar. No son instantáneas, porque son retratos de lo relativo del tiempo, de la permanencia de unas cosas y lo efímero de otras. Todo es luz y el control de esa luz lo es todo. Luz sobre la Alcazaba, la Plaza de Toros, el Cabo de Gata, playas y barcas, y la Rambla, la derrotada Térmica y decenas de encuadres más.
Además de ser militante de estenopeica, de extender las excelencias de la fotografía, de creer y experimentar a pies juntillas que lo más sencillo puede ser lo más nuevo, resulta que estas imágenes son el resultado de un proyecto colectivo en el que han participado decenas de estudiantes andaluces. Han mirado por un agujero y han visto esto. Ahora somos nosotros los que miramos, su agujero es el nuestro y su Almería la nuestra. Una Almería perenne, nueva y antigua que sigue ahí para hacerse un hueco en nuestra retina y un sitio en nuestra memoria.
Documento gráfico, manifiesto de estenopeica, propaganda de luz, retrato abstracto del tiempo… Todo eso y más es Almería por un agujero.
María del Mar López Ligero
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